viernes, 6 de junio de 2014

El pianista 1

EL PIANISTA

CAPÍTULO 1

DULCE INTRODUCCIÓN AL CAOS



Observar las llamas del fuego que acabas de provocar. Un fuego vivaz del que sale una columna de denso y maloliente humo gris. Siempre me ha parecido curioso que del desvanecimiento de una vida pueda surgir un fuego tan vivaz y brillante. Parece casi una ironía natural. O tal vez es que se intentan compensar las luces apagadas con otras encendidas. No sé, la verdad.
Sé que tengo sólo unos minutos antes de que alguien advierta el fuego, venga a ver y llame a la policía, por lo que tengo que preparar la escena con presteza.
Coloco el disco en una pared y lo afianzo a la misma con cinta adhesiva.
Ajusto las cuerdas para alejarlas de las llamas y que no prendan y preparo el mensaje en la pared.
Me gustaría que la policía lo encuentre todo ordenado cuando llegue.
El desorden es para gente que no está preparada para hacer llegar a la Tierra el caos. El caos no es desorden, es preparación, esmero, gusto y dedicación.
Yo persigo un caos superior al que los otros aspiran a conseguir.
Intento hacer temblar los cimientos del mundo en que vivimos. Me considero un artista. Un artista nuevo que cultiva un arte nuevo y vanguardista. Busco el escándalo en la gente, ¿y no era eso lo que perseguían también Tristán Tzara y su movimiento dadaísta?
Observo por última vez mi debut en el mundo artístico. Un debut sencillo comparado con lo que voy a presentar al mundo en los próximos días.

Un debut sencillo.

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